Día a día nos damos a la tarea de dar
indicaciones en nuestros trabajos, en nuestra familia y sobre todo a nuestros
pequeños ya que sentimos la necesidad de tratar de que ellos sean educados,
atentos, en fin, perfectos.
La respuesta es sencilla, no nos hacen caso porque
no quieren, y no quieren por una simple razón: Nosotros. Las indicaciones que
damos a nuestros hijos son incontables. No toques eso, ven para acá, quédate
quieto, no grites, no saltes, siéntate. Si tomamos una libreta y anotamos cada
una de las indicaciones que le hacemos al niño en una a hora jamás lo
lograríamos son tantas que nos aburriríamos.
Lo que ocurre en este caso es que saturamos el
canal de comunicación y el niño de manera automática y en defensa bloquea su oído
y atiende únicamente lo que le conviene y más se asemeja a lo que el realmente
quiere hacer.
Lo mismo ocurre con nosotros los adultos. Si
estamos en alguna actividad concentrados y nos llaman por teléfono, nos mandan
un mensaje, un correo o nos dan una indicación diferente a la que estamos realizando
nos veremos saturados con tareas. Lo más probable es que algunas de estas
indicaciones serán ignoradas y aceptar la que más nos parezca y se asemeje a lo
que estamos haciendo. Somos capaces de decidir qué hacer por medio de bloquear
las “inputs” que recibimos.
En este caso el niño/a también tiene
necesidades o actividades que desea cumplir y estas van a prevalecer sobre
cualquier otra que nosotros tratemos de introducir. Al no poder hacer lo que
desean causara una frustración que se traduce como un “berrinche”.
Lo que debemos hacer es revisar la lista que
hayamos podido sacar y escoger tan solo una indicación que será la que nos
interese que el pequeño cumpla. Con este nuevo plan podremos obtener 50 veces
más probabilidad que nos haga caso en una indicación que con 50 al día.
